
Al padre del artista, Rafael Romero Barros, no le faltaron méritos. Fue un importante pintor e investigador de las artes plásticas cordobesas. Intervino en restauraciones de la Mezquita, fundó el Museo Provincial, intervino en la creación del Museo Arqueológico, participó en la creación de la Escuela de Bellas Artes y formó a toda una pléyade de artistas, y a tres hijos pintores. Rafael que murió joven, Enrique que fue galardonado con la Medalla de Bronce en las Nacionales de 1901 y 1904, y que llegó a ser un destacado crítico de arte e historiador, y Julio el que alcanzó la más alta gloria con sus pinceles.
Su carácter sociable le facilita conocer, durante su estancia en Madrid, a los más insignes y destacados personajes de la época. Asiste a tertulias con Ortega y Gasset, Jacinto Benavente, Manuel y Antonio Machado, Pérez de Ayala y los hermanos Álvarez Quintero. Conoce a Joaquín Costa, y entabla estrecha amistad con Ramón del Valle Inclán. Con éste participa en la tertulia nocturna del Café Nuevo Levante, a la que asisten artistas e intelectuales de la talla de los hermanos Baroja, Ignacio Zuloaga, José Gutiérrez Solana, Rafael de Penagos...
En 1914 estalla la Guerra Europea y también el nombre de Julio Romero de Torres salta al primer plano de la actualidad, encabezando un manifiesto, junto a un selecto grupo de intelectuales, sobre la defensa de los valores espirituales y adhiriéndose a la causa de los aliados. En agosto de 1922 viaja a la República Argentina acompañado de su hermano Enrique. En los últimos días de este mismo mes se inauguró la exposición, que fue presentada en el catálogo por un espléndido texto de Ramón Valle Inclán. La muestra constituyó un éxito sin precedentes. En los primeros meses de 1930, Julio Romero de Torres, agotado por el exceso de trab

A través de simbólicos paisajes, recreó el mundo psíquico en todos sus matices. Sus lienzos, de composición muy similar a los del gran maestro del Renacimiento, su admirado Leonardo Da Vinci, son como ventanas abiertas al mundo de los sentidos, en donde la imagen viene a ser una especie de soporte que contiene en sí misma un concepto. La alegoría se convierte así en una de las características predominantes en la pintura del artista cordobés; la otra sería la dualidad, el concepto de opuestos que no es más que un reflejo de nuestra propia condición humana. El bien y el mal, la pureza y la promiscuidad, lo sagrado y lo profano, que son la temática de cuadros como “Amor sagrado” y “Amor profano” o “Las dos sendas”, una visión contundente de la vida tal y como la vemos.


1 comentario:
Julio romero de torres pintado por Miguel Anselmo Nieto.
El grabador español José Luis López Sánchez efectuó con delicadeza y maestría el busto del pintor que da nombre al billete. También realizó un trabajo muy minucioso con la reproducción del lienzo de Torres titulado "Fuensanta". Este ejemplar pertenece a una serie única de gran tiraje, más de 900 millones.
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