Leonard Cohen el poeta, cantante, narrador y compositor canadiense, el trovador de la voz cavernosa, ha sido premiado a sus 77 años con el Premio Príncipe de Asturias de la Lengua.
Leonard Cohen nació el 21 de septiembre de 1934 en una familia judía de clase media de ascendencia lituana en Montreal y creció en Westmount. En 1951, Leonard Cohen ingresó en la Universidad McGill de Montreal, donde se licenció en Literatura en 1955. Su primer poemario,Let us compare mythologies (Comparemos mitologías), apareció en 1956. Le siguieron más poemas y en 1961 publicó el segundo libro, Spice box of earth (La caja de especias de la tierra). En los años 60, se marchó a Grecia y se instaló en la isla de Hydra, donde empezó a componer canciones y vivió durante siete años entre Europa y América. En 1963 publicaría su primera novela, The favourite game (El juego favorito) y al año siguiente el libro de poesías Flowers for Hitler (Flores para Hitler), de la que el diario Boston Globe dijo: "James Joyce no ha muerto. Vive en Montreal bajo el seudónimo de Cohen". También en Hydra, el canadiense terminó su novela Beautiful Losers, publicada en 1966, y ese mismo año salió su libro de poesías Parasites of Heaven. Hay que irse casi 45 años atrás para encontrar el que fue su primer disco cuyo título parece el de un músico consagrado: Songs of Leonard Cohen (1967) Dicen que aunque no hubiera grabado ninguno otro disco, su reputación habría quedado asegurada con esta primera grabación, acaso uno de los mejores álbumes de la historia del rock y también se dice que su canción Suzanne ya por si sola, merece el premio concedido.
En 1994, después de la promoción de su álbum The Future, Leonard Cohen se retira a un monasterio budista en Mount Baldy, un centro de meditación zen cerca de Los Ángeles. En 1996, Cohen es ordenado monje budista zen, comoJikan Dharma con el significativo nombre de "El silencioso". Durante este periodo de meditación escribió cientos de poemas y canciones y al salir del monasterio comenzó a trabajar en su álbum Ten New Songs, que publicó en 2001, al que seguiría Dear Heather, en 2004.
La poesía cantada, esas novelas de seis minutos y pico, la prosa mecida por inconfundibles melodías folk le han valido al músico Leonard Cohen (Montreal, 1934) el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Incondicional de nuestro Federico García Lorca, llevó su Pequeño vals vienés en 1988 al álbum I'm your man con el título de Take this waltz. Cohen resucitó a Lorca para el mundo anglosajón.
El jurado ha destacado el "imaginario sentimental" creado por Leonard Cohen en el que "la poesía y la música se funden en un valor inalterable". A lo que ha añadido el jurado “El paso del tiempo, las relaciones amorosas, la tradición mística de Oriente y Occidente y la vida contada como una balada interminable configuran una obra identificada con unos momentos de cambio decisivo a finales del siglo XX y principios del XXI”.
El galardón, que el año pasado recayó en el escritor libanés Amin Maalouf, reconoce a las personas cuya labor creadora o de investigación represente una contribución relevante a la cultura universal en los campos de la literatura o de la lingüística. Los finalistas han sido Alice Munro y el novelista inglés Ian McEwan. Cohen tiene 13 libros publicados, 11 libros de poemas y dos novelas, y además otro escrito, La mujer ha nacido, publicación que le retiró la editorial por considerarla "injusta" con su familia.
Leonard Cohen ha construido un personal universo lírico entre lo divino y lo humano y nunca ha dejado de susurrarle al amor.
Alfonso Zapico es dibujante e ilustrador (Asturias, 1981) vive en Angulema (Francia), ciudad de referencia en el cómic europeo.Con un estilo grafico peculiar, ligero pero intenso y lleno de matices, posee una capacidad narrativa más que llamativa.
En 2006 publica en Francia su primera obra, La guerre du professeur Bertenev, en ella nos sitúa en la Guerra de Crimea y narra la amistad entre dos personajes de bandos enfrentados, uno ruso y otro inglés.
En 2008 publica Café Budapest donde logra implicarnos en una historia llena de sentimientos y de profundas reflexiones sobre la condición humana, las guerras, las religiones y los verdaderos dioses y en 2010 recibe el premio autor revelación en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona.
Ha estado 3 años sumergido en el proceso de creación deDublinés, una novela gráfica centrada en la vida de James Joyce en la que recorre los momentos, conversaciones, penurias y aventuras con las que se fue construyendo una de las grandes figuras del siglo XX.
Ilustres autores van desfilando por sus páginas como Henrik Ibsen, W.B. Yeats, Ezra Pound, H. G. Wells, Bernard Shaw, T.S. Eliot, Virginia Wolf, Paul Valéry, Marcel Proust, Ernest Hemingway, Samuel Beckett, Sergei Eisenstein, Henry Matisse, André Gide, Le Corbusier, y hasta Lenin.
El guión está basado en la biografía de Joyce escrita por Richard Ellman, no obstante, Zapico ha visitado todas las ciudades europeas en las que residió Joyce y además publicará sobre ello un cuaderno de viaje. Para dibujar ha utiizado plumilla o pincel y tinta china aguada para colorear.
El escritor irlandésJames Joyce (1882.1941) creador de la obra cumbre Ulises (1922), también lo es de la controvertida novela Finnegans Wake, una obra inacabada que realizó en 1939 y que mantuvo a sus editores durante muchos años dándole vueltas al asunto para hacer una reimpresión.
Nadie, hasta el día de hoy, absolutamente nadie, sabe de que trata el Finnegans Wake, de James Joyce, hay sólo pistas, eso si, claro. El escritor sentenció que los críticos tardarían al menos 300 años en descifrar su obra, escrita en un inglés desnaturalizado que incorpora oraciones y párrafos enteros en 70 idiomas.
Se publicó por primera vez el cuatro de mayo de 1939, la inmensa mayoría de los lectores dijo que no había podido leerla y que el autor estaba locoy fue un misterio para todos los críticos de la época. El título de la obra alude a una popular balada callejera de mediados del siglo XIX, donde se narra la muerte y resurrección paródica de Tim Finnegan, un irlandés aficionado a la bebida, y que juega con el sentido etimológico de la palabra whiskey o agua de la vida.
La novela abarca las horas de sueño del personaje, mediante un lenguaje nocturno, con abundantes juegos de palabra, puns, deformaciones del inglés, introducción de palabras en decenas de lenguas de los cinco continentes y una densidad simbólica que convierte la novela en una condensación de la estética Joyceana como interacción entre microcosmos y macrocosmos.
Algunos han definido esta obra de Joyce como una frase de 700 páginas. Y esto se decía de la primera edición. Ahora se ha hecho una segunda revisión gracias a la editorial Houyhnhm. Diecisiete años ha tardado el proceso de composición entre copias y revisiones. El primer texto que entregó James Joyce tenía bastantes fallos (9.000 para ser más exactos) y ahora tenemos la oportunidad de leerlo con sus correcciones oportunas.
Finnegans Wake sigue siendo el reto de las editoriales españolas, que no se atreven a abordar la traducción de esta obra, jamás publicada íntegramente en castellano. Sólo ha existido un intento, una edición parcial, no completa, un «experimiento», como lo definió Esther Tusquets. Corría el año 1993 y el trabajo de verter la polémica obra de Joyce a nuestra lengua le correspondió a Víctor Pozanco.
Sí existen traducciones de capítulos sueltos. Cátedra ha publicado, a cargo de Francisco Garcia Tortosa, el capítulo VII encabezado con el título Anna Livia Plurabelle. Juan Díaz Victoria, desde la otra orilla del Atlántico, está enfrentándose al desafío. En su versión está castellanizándolo todo. Los resultados se pueden consultar en internet. Según traduce, cuelga en su blog parte de sus esfuerzos.
Controvertida y mítica, esta novela se ha convertido en el caballo de batalla de la industria editorial. ¿Se cumplirán los vaticinios del autor? De ser así, mucho me temo que nos quedaremos sin verla descifrada.
Remedios Varo nació en Gerona en 1908 y estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, pero al estallar la Guerra Civil se refugió en París. En la capital francesa entabló contacto con el surrealismo debido a su relación sentimental con el poeta Benjamín Peret, con quien se exilió en México en 1941 tras la invasión nazi. Tras su separación de Peret la creadora catalana vivió dos años en Venezuela, donde realizó dibujos científicos. Regresó a México y se unió al refugiado austríaco Walter Gruen, y entonces, al inicio de la década de 1950, dejó definitivamente los trabajos comerciales y se dedicó exclusivamente a la creación con un éxito inesperado, que le provocó angustia y estrés.En esa época Varo realiza sus mejores obras, en lo que se conoce como su etapa de madurez, hasta que le sobreviene su prematura muerte en 1963. Remedios Varo nos dejó una de las mejores aportaciones de la pintura surrealista española.
Isabel Allende es una novelista y periodista chilena nacida en 1942 en Lima, Perú, donde su padre se encontraba destinado como diplomático. Asistió a diversos colegios privados y viajó por varios países antes de regresar a Santiago de Chile para concluir sus estudios y trabajar en la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), organismo de las Naciones Unidas. Posteriormente trabajó como periodista, escribió artículos sobre temas sumamente polémicos y también hizo cine y televisión. Allende se exilió en 1973 y buscó refugio en Caracas, Venezuela, cuando su tío Salvador Allende, presidente de Chile, murió durante el golpe militar encabezado por el General Augusto Pinochet. En el exilio escribió su primera novelaLa casa de los espíritus (1982), una crónica familiar ambientada en el torbellino de cambios políticos y económicos acontecidos en Latinoamérica. Después viieron novelas como De amor y de sombras y Eva Luna.
La literatura de la chilena Isabel Allende y las pinturas de la española Remedios Varo, dos creadoras de diferentes épocas que jamás se encontraron, muestran una sorprendente conexión. Son totalmente casuales las coincidencias entre determinados temas y argumentos de sus obras, el parecido uso de la retórica, la similar proyección de sus mundos místicos así como la facultad de sugerir situaciones, escenas, sentimientos...
Un ejemplo lo tenemos en la sátira al culto de la belleza femenina que hace Remedios en su cuadro Visita al cirujano plástico, en la que se representa una clínica plastoturgencia a la que acude una mujer acomplejada por su físico mientras que Isabel Allende hace lo propio cuando en su libro De amor y de sombras, ridiculiza a Batriz Alcantara por su ceguera ante los problemas sociales frente a la obsesión por su físico.
También son constantes sus alusiones al mundo cósmico que Varo representa en obras como El otro reloj y Allende reproduce en El plan infinito donde hace mención al Planeta, a la Vía Láctea y al abismo del cosmos, elementos del cuadro de Varo.
Entender a la una y a la otra a través de la visión de una tercera mirada nada ajena a los universos que se comparan, necesita una mirada especial: la de alguien que conozca los dos mundos, el de la literatura y el del arte, con la misma intensidad. La mirada de Elena Morales.
Elena Morales (La Laguna, Canarias 1972) es profesora y doctora en Bellas Artes. Ella explicó que su ensayo Los universos mágicos de Remedios Varo e Isabel Allende. Fantasmas y Espíritus parte de una investigación que se remonta a 1988, cuando tenía 16 años y asistió a una retrospectiva de Varo en Madrid. Ocho años más tarde le prestaron la novela La casa de los espíritus de Isabel Allende. Mientras la leía empezó a acordarse de la pintura de Varo porque “hay personajes, como Clara del Valle, que recuerdan mucho a los de Remedios, como si ella los hubiera pintado”. Aparte de “ese mundo mágico”, había “conexiones temáticas”. En el libro se comparan las pinturas de Remedios Varo con los textos de Isabel Allende es un camino difícil de transitar y que ella lo hace con claridad y ajustándose a unas reglas y a unas estructuras que ayudan a comprender la literatura de Allende y la pintura de Varo.
Las anécdotas pueden definir o al menos ilustrar sobre una persona, un comportamiento o el ambiente de una época. Suelen contribuir para caracterizar a alguien convirtiendose en un breve relato caricaturesco del personaje.
Ramón del Valle Inclán (Villanueva de Arosa, Pontevedra, 1866 - Santiago de Compostela, 1935) es conocido tanto por el excelente nivel de su producción literaria como por su extraña apariencia de larga melena, barba y vestimentas exóticas, asi como por sus innumerables anécdotas. Vamos a contar algunas de las multiples con las que nos obsequió.
El 24 de julio de 1899, Valle Inclán pontificaba en su tertulia del Café de la Montaña sobre los duelos, que a su parecer eran una de las Bellas Artes. Entre otros contertulios, se encontraban Jacinto Benavente, el pintor Paco Sancha y el cronista Manuel Bueno, este último, asombrado, intervino para contradecirle, y Valle, indignado, le espetó un ¡Qué sabe usted majadero!, a la vez que blandía por el cuello una botella con actitud amenazante. Bueno se defendió a bastonazos y sus golpes le provocaron a don Ramón, además de una herida en la cabeza que sangraba aparatosamente, la fractura de los huesos del antebrazo izquierdo. Del Valle Inclán, como era una hombre a quien sus amigos definieron siempre como "una persona muy despreocupada", no se realizó las curaciones necesarias y adecuadas y, al cabo de unos días, sufrió una infección tal que el doctorBarragán Bonet se vió obligado a amputar el brazo gangrenado. El hecho, lejos de amedrentarlo o de sumirlo en estado de depresión, hizo que su ingenio saliera una vez más a la luz y el escritor comenzó a inventarse y fantasear con curiosas y grotescas historias acerca de la pérdida de su brazo, como aquella en la que había luchado con un león, que finalmente se lo arrancó y se lo comió o aquella en la que decía haber perdido el brazo en un duelo a sable por defender el honor de una dama y otras veces ¡que lo había perdido entre su barba!. Don Ramón no tardó en hacer las paces con Manuel Bueno. Un día se le acercó tendiéndole su única mano y le dijo:
- Mira, Bueno, lo pasado, pasado está. Aún me queda la mano derecha para estrechar la tuya. Y no te preocupes, que aún me queda el otro brazo, que es el de escribir.
En enero de 1901 organiza con Ricardo Baroja una expedición a caballo a las minas de Almadén, en busca de un yacimiento de plata. Naturalmente, la quijotesca expedición se resolvió en un sonoro y doloroso fracaso, del que Valle se trajo una herida en el pie, producida accidentalmente al intentar cargar una escopeta. Pero como no hay mal que por bien no venga, como canta el refranero, este lamentable accidente hizo que Valle durante los tres meses forzados de reposo, escribiese Sonata de otoño, obra con la que consiguió reconocimiento literario y ciertas ganancias económicas.
Conocidas eran las rencillas y el odio que sentía Don Ramón María del Valle-Inclán hacia su homólogo José de Echegaray. Todo empezó en enero de 1900, cuando El Liberal convocó un concurso literario de cuentos. Valle aspiraba al premio con su relato Satanás. El jurado, compuesto por Echegaray, Fernández Florez y Valera, concedió el primer premio a José Nogales y el segundo a la Pardo Bazán. Pero después del fallo, Valera denunció que el mejor cuento era el de Valle, y que el resultado había sido manipulado por Echegaray y Fernández Flórez. En 1902, la historia y sus actores se volvieron a repetir. Esta vez el primer premio se declaró desierto por las presiones de Echegaray, y a Valle le concedieron el segundo, dotado con 250 pesetas. Cuando quedaba herido en su orgullo, Valle-Inclán era terrible, y en este caso declaró abiertamente la guerra a Echegaray. Un hijo de este se arrimó cierto día a la tertulia de nuestro protagonista, quien, viéndole llegar, exclamó con intención: «Ese don José está obsesionado por la infidelidad matrimonial. Todas sus obras son autobiografías de un marido engañado». Al oír esto, el vástago le mandó callar, identificándose como hijo del dramaturgo, a lo que Valle, entre el regocijo general, contestó: «¿Está usted seguro, joven?»
Le llamaba "el viejo idiota", y se corrió la voz, hasta el punto que, en cierta ocasión, envió una carta a un amigo que vivía en la calle Echegaray poniendo en el sobre "Calle del viejo idiota" ( también añadió una pequeña leyenda que decía Los carteros de Madrid son los mejores de España ) La carta, por supuesto, llegó.
Valle-Inclán no perdía la ocasión de presenciar los estrenos de su adversario para poder criticarlo. En una de sus comedias, se decía de una señora que poseía “nervios de acero bajo una piel de seda” y Valle-Inclán ya no pudo más. Se levantó de su butaca y voceó:
-¡Eso no es una mujer! ¡Eso es un paraguas!
Años más tarde, Don Ramón necesitaba una transfusión sanguínea, enterado de ello Echegaray aprovechó la ocasión para intentar remediar el pasado y se presentó . Cuando el médico, emocionado por el gesto, se lo dijo a Valle, este le espetó: - ¡ Doctor, ni se le ocurra ¡No quiero la sangre de ese!¡ La tiene toda llena de gerundios!
No tuve miedo, fui turbulento, miré en las simas como en la luz, di mi palabra con mi alma al viento, como una espada llevo mi cruz.
Otra curiosa y significativa anécdota, como cuenta el docente e investigador español Miguel Díez R. y muy poco divulgada, oída de boca del escritor gallego, de la que son protagonistas Rubén Darío, Miguel de Unamuno y el propio Valle-Inclán.
Una tertulia de café en torno a Rubén Darío. El poeta nicaragüense, con sorda y monótona voz, está haciendo un encendido elogio de don Miguel de Unamuno. Cuando concluye, alguien no muy bien intencionado, dice: «Pues Unamuno no le corresponde a usted en el entusiasmo». Y echando mano al bolsillo de la chaqueta, extrae un periódico en el que se inserta un artículo de don Miguel. El trabajo es una feroz diatriba contra Darío en la que, entre otras cosas, el gran vasco afirma que al poeta se le ven todavía las plumas de indio que lleva dentro de sí.
Nuestro escritor intenta animar al abatido lírico, que, según don Ramón, era muy sensible a las valoraciones críticas de la vida literaria.
Transcurren pocos días y, de nuevo en la tertulia, el poeta lee a los amigos una carta que se dispone a remitir al catedrático de Salamanca: «Admirado señor: He leído su artículo. Yo había escrito antes otro sobre usted, sobre su obra. Ahí va. Quiero decirle que yo remito hoy mi trabajo a Buenos Aires, para publicarlo en La Nación, sin quitarle ni añadirle una coma, con la constancia de mi admiración rendida hacia todo lo que usted ha producido. Y firmo esta carta con una de las plumas de indio que, según usted, aún llevo dentro de mí.». Todos -el primero don Ramón- celebran el nobilísimo gesto de Rubén Darío.
Al cabo de unos meses don Ramón y Unamuno se encuentran en la calle. Pasean juntos un rato y, de pronto, la charla recae sobre la figura de Rubén. «Con este hombre -dice don Miguel- me ha ocurrido una cosa notable y desconcertante.» Y Unamuno refiere, punto por punto, la historia de los artículos y la carta que Valle-Inclán ha vivido muy directamente. Y en ese instante, don Ramón se exalta, engalla la voz, extrema el gesto y suelta esta magnífica tirada: «El suceso, amigo don Miguel, no tiene nada de notable y mucho menos de desconcertante. Es, sencillamente, el resultado del enfrentamiento de dos sujetos diferentes y opuestos. Es una realidad natural. Ustedes no han nacido para entenderse, porque Rubén y usted son antípodas. Verá usted: Rubén tiene todos los defectos de la carne: es glotón, bebedor, es mujeriego, es holgazán, etc. Pero posee, en cambio, todas las virtudes del espíritu: es bueno, es generoso, es sencillo, es humilde, etc. En cambio, usted almacena todas las virtudes de la carne: es usted frugal, abstemio, casto e infatigable. Y tiene usted todos los vicios del espíritu: es usted soberbio, ególatra, avaro, rencoroso, etc. Por eso, cuando Rubén se muera y se le pudra la carne que es lo que tiene malo, le quedará el espíritu, que es lo que tiene bueno, ¡y se salvará! Pero a usted, cuando se muera y se le pudra la carne, que es lo que tiene bueno, le quedará el espíritu, que es lo que tiene malo, ¡y se condenará!». Aquí don Ramón hacía una pausa, se mesaba lentamente las barbas y, en un tono confidencial, como quien comunica un grave secreto, concluía: «Desde entonces, Unamuno anda muy preocupado»
Fausta Elorz y Olías, natural y vecina de Madrid, residía largas temporadas en Falces (Navarra) por sus entronques familiares. Hija única, soltera, inmensamente rica y aficiones filantrópicas, dictó en su testamento la creación de alguna obra de caridad o fundación. Los tres nombrados albaceas crearon una fundación benéfica, sin ánimo de lucro, para construir un asilo para ancianas en Madrid y otro más modesto, en Falces, siendo en todo caso indispensable para el ingreso en dichos asilos acreditar en debida forma ser pobre de solemnidad. El edificio de la Fundación Fausta Elorz en Madrid, situado en la calle Conde Peñalver, es muy fácil de reconocer por los madrileños por su fachada neomudéjar. Fue edificado según un proyecto del arquitecto Manuel Zabala Gallardo entre 1910 y 1914. Al comienzo de la Guerra Civil, el edificio fue incautado y destinado a cárcel de hombres hasta mediados los años cuarenta. La denominaron cárcel de Torrijos y entre sus paredes albergó al muy ilustre poeta Miguel Hernández, en ellas escribió su famosa Nanas de la cebolla, dedicada a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer, en la que le decía que no comía más que pan y cebolla. Logró salir en libertad sin juicio, inesperadamente, gracias a las gestiones de Pablo Neruda con un cardenal, en septiembre de 1939.
Después se hizo cargo del edifio durante una década Auxilio Social [organización franquista de beneficencia] , para volver a su función primigenia a partir de entonces.
Cristina de Pizán (1364-1430) una de las voces femeninas más significativas del panorama intelectual europeo del Medievo, no sólo fue la primera escritora feminista sino que, para muchos estudiosos, también representó la primera escritora profesional, ya que mantuvo con su escritura a madre, hermanos e hijos en pleno siglo XV. De origen veneciano, pasó gran parte de su vida en Francia, puesto que su padre era el astrólogo de Carlos V de Francia (rey del que posteriormente Cristina escribiría su biografía). Recibió una completa y esmerada educación debido a las amplias posibilidades que le ofrecía vivir en la corte (contará con la enorme Bibliothèque Royale) y especialmente al empeño de su padre, en contraste con la actitud de su madre, que a pesar de ser la hija de un hombre docto, el anatomista Mondino de Luzzi, se opone duramente a la instrucción de su hija en materias que no sean otras que las relacionadas con las tareas domésticas; de hecho, la inflexible postura materna se recoge en la obra cumbre de la autora, La Ciudad de las Damas (1405), donde realiza una fuerte apología de la mujer basándose en numerosos y célebres personajes femeninos de la historia y la mitología.
Se casó a los quince años,con un joven noble, Estienne du Castel, que ocupaba el cargo de notario del rey, fue madre de tres hijos y enviudó a los veinticinco, hecho este que le motiva a dedicarse a la escritura como fuente de sustento pese a la oposición masculina del momento.
Christine será la iniciadora de lo que se conocerá durante el Renacimiento como la Querella de las mujeres (Querelle des Femmes), movimiento de defensa de la mujer llevado a cabo por diversas intelectuales del momento y que surge a raíz de su obra Cartas de la Querella del Roman de la Rose (1398-1402) contra la obra escrita por el misógino Jean de Meung, donde el autor ataca duramente a las mujeres. Una disputa entre escritoras y escritores sobre la dignidad de las mujeres que se prolongaría el siglo siguiente y que tendría entre sus representantes a Margarita de Navarra, con su Heptameron, o a sor Isabel de Villena, con su libro contra L'espill de Jaume Roig, quien acusaba a las mujeres hasta de haber provocado el diluvio.
Su autobiografía, La visión de Christine (1405), la escribió como réplica a sus detractores. Una de sus últimas obras es Canción en honor de Juana de Arco. Todavía se conservan treinta y siete de sus obras.
El 23 de noviembre de 1407 se produce uno de los asesinatos más famosos y brutales de la historia de Francia, el de Luis de Orleans, hermano del rey Carlos VI (el loco), cuando regresaba de la casa de su cuñada y presunta amante, la reina Isabel de Baviera, por encargo de Juan el temible, duque de Borgoña, este hecho hará estallar la guerra civil en Paris entre los Armagnacs y los Borgoñones. En 1411 Christine huye de la capital del reino, debido a las continuas revueltas, para refugiarse en el convento de Poissy con su hija.
Muere en 1430 en su retiro de Poissy, a los sesenta y seis años.
Sabrina Capitani, escritora, periodista y guionista es la autora de una intrigante novela histórica en la que se Cuenta la vida de Cristina de Pizán ofreciendo un retrato del París del siglo XIV.
Felipe Pérez y González(1854-1910)escritor, periodista, humorista y folklorista español. Desde los catorce años se dedica al periodismo, a los quince escribe un juguete dramático cómico-político y a los dieciocho su primer volumen de versos. Se licencia en Derecho y trabaja como oficial del Archivo Municipal de Sevilla y como secretario de su Ayuntamiento hasta que decide irse a Madrid y dedicarse a la literatura, el teatro y el periodismo.
En 1893 fundó La Gran Vía, Revista Semanal Ilustrada. Su redacción servía de tertulia de dibujantes, escritores y humoristas. Bajo el pseudónimo de Tello Tellez firmó sus famosas Efemeridesen «El Liberal» y en «Blanco y Negro».
Entre sus obras están: Fuegos artificiales, El nuevo sistema métrico, Peccata minuta, Salud y pesetas y ¡Doña Inés del alma mía!Como folklorista se le debe una gran colección de cuentos populares: ¿Quieres que te cuente un cuento? Pues allá va un ciento.
Escribió un famosísimo libreto de género chico, el de La Gran Vía, una especie de revista satírica en un acto y cinco cuadros que pretendía criticar la reforma de la famosa calle madrileña (Doña Municipalidad, quien piensa dar a luz una Gran Vía que cambiará por completo la fisonomía de la ciudad con la destrucción de muchas callejuelas del viejo Madrid) con música de Federico Chueca y de Joaquín Valverde; se estrenó el 2 de julio de 1886 en el recién construido Teatro Felipe con un éxito sin precedentes en la escena madrileña. Con dirección de Ricardo Miralles y escenografía de Busato, la función duró cuatro horas, la tiple Lucía Pastor y el tenor Joaquín Manini tuvieron que repetir hasta dos y tres veces cada número. El éxito de la obra fue rotundo y llegó a alcanzar en Madrid más de 400 representaciones consecutivas en 4 temporadas. Sólo dos años después algunas de las muchas representaciones que recorrieron toda Europa despertaron los elogios más encendidos del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, que la exaltó como una pieza dramático-musical de gracia y color insuperables, y el compositor francés Camile Saint-Saens tras una representación dijo sorprendido: "¿Y a esto le llaman ustedes Género Chico?"