El linaje de los Borja ( Borgia es la italanización del apellido Borja), oriundos de Játiva (Valencia), dio al mundo santos como San francisco de Borja y malvados como César Borgia, además de dos sumos pontífices: Calixto III y Alejandro VI.
Los dos papas españoles Calixto III y Alejandro VI fueron dos personajes monumentales en sus biografías y en la magnitud de sus respectivos pontificados, aunque la sombra del gran Borgia, desmesurada colosalmente por la leyenda negra, redujo a su tío y protector al modesto papel de pequeño Borgia, cuando los hechos ciertos, probados por la publicación, por el padre Batllori, de los respectivos “diplomatarios” (bulas y actas documentales) muestran la pareja estatura de Alfonso de Borja (Calixto III) para el mundo –que entonces era mediterráneo– y de Rodrigo de Borja (Alejandro VI) para un mundo que acababa de conocer nuevos continentes.
Los dos papas españoles Calixto III y Alejandro VI fueron dos personajes monumentales en sus biografías y en la magnitud de sus respectivos pontificados, aunque la sombra del gran Borgia, desmesurada colosalmente por la leyenda negra, redujo a su tío y protector al modesto papel de pequeño Borgia, cuando los hechos ciertos, probados por la publicación, por el padre Batllori, de los respectivos “diplomatarios” (bulas y actas documentales) muestran la pareja estatura de Alfonso de Borja (Calixto III) para el mundo –que entonces era mediterráneo– y de Rodrigo de Borja (Alejandro VI) para un mundo que acababa de conocer nuevos continentes.
En su breve, pero intenso, pontificado –tres años y cuatro meses–, Calixto III canceló definitivamente el Cisma de Occidente, y, a los tres años de la caída de Constantinopla, frenó a los turcos en Belgrado. Enriqueció el Vaticano, beatificó a Juana de Arco y canonizó a su paisano san Vicente Ferrer, dando cumplimiento a la doble profecía del “tu serás Papa y a mí me harás Santo”.
Alejandro VI Sobrino del también papa Calixto III, fue el último pontífice e
spañol. Su nombramiento como Papa en 1492 desencadenó una fuerte oposición en Roma, por considerar que su vida era licenciosa e inmoral (había tenido cinco hijos), y, además, por el hecho de ser extranjero. Esta hostilidad explicaría la leyenda negra que se creó alrededor de su figura, y que llegó a deformarla hasta hacer parecer a Alejandro VI y a su familia como unos seres monstruosos y abyectos. En el terreno político, consiguió mantener la independencia del Papado frente a Francia y España, en lucha por el control de Italia. Al mismo tiempo, se encargó de arbitrar el reparto de América entre Castilla y Portugal, y fue un mecenas de las ciencias y las artes.

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