

Los cirujanos romanos eran hábiles conocedores de la anatomía humana, y empleaban un instrumental que provocaría la envidia de más de un médico moderno. Practicaron intervenciones que iban de lo urgente y funcional, a lo estético. Sergius Silus, quien combatió en la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) en Cartago, al perder una mano, obtuvo una falsa, hecha de hierro. Más famoso es el caso de la pierna falsa de Capua, en Italia central. Este hallazgo arqueológico reveló un esqueleto del año 300 a.C. con una pierna de madera recubierta con una sábana de bronce. En la parte superior, la que se debió pegar al muslo, la prótesis era cóncava y se cree que en la base tenía un pie falso tallado en madera.
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