lunes, 24 de diciembre de 2007

Olentzero

El Olentzero, este personaje procede de la zona de Lesaca, en Navarra. Probablemente, en su origen, el término Olentzaro designaba a la época del solsticio de invierno y su celebración.
La figura obesa que actualmente recorre las cercas rurales y calles urbanas es la personificación de una rica simbología que sólo conserva ya la huella erosionada de sus señas de identidad. Su relación con el fuego queda asociada a la bajada por la chimenea, al aguinaldo de nueces, castañas, higos secos y otros frutos con los que obsequiaba por el mismo conducto a los pequeños de la casa. En algunos valles tomaba la figura de un muñeco que se colocaba visible adosado al exterior de la chimenea sobre el tejado. En ocasiones se le atribuía el papel justiciero de castigar con la hoz a quienes no habían respetado el ayuno legal que debía preceder a la fiesta.
La figura tópica de carbonero de tez tiznada, que ahora se le atribuye, así como el apéndice folclórico de fumador de pipa, son otras tantas reminiscencias del fuego que inicialmente representaba y ya no dice nada a la clientela. Aparecía también en forma de voluminoso monigote de paja -zanpantzar- que las letrillas populares le tildaban de glotón aficionado al vino, y era quemado en un cruce de caminos o sobre el puente más próximo al poblado, según distintas versiones. No es difícil entrever en ello la quema del momo, que no es otro que el año viejo, en función de rito purificatorio en la frontera del tiempo. Por eso se decía por esas fechas, que llegaba el hombre que tenía tantos ojos como días tiene el año, duende que fascinaba a los niños. Otros le atribuían tantas narices como las hojas del calendario.
Las tradiciones populares encierran un rico legado escrito en clave críptica de antiguas culturas.
Jose Mari Satrustegi, etnólogo.

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