
En los albores de la era cristiana nadie estaba seguro de la fecha en que había nacido Jesús. Así pues, se comenzó a especular con las fechas: 16 ó 20 de mayo, 9, 19 ó 20 de abril, 29 de marzo ó 29 de septiembre. El Papa Fabián (236-250) decidió cortar por lo sano tanta especulación y calificó de sacrílegos a quienes intentaron determinar la fecha del nacimiento del nazareno. La Iglesia armenia fijo el nacimiento de Cristo el 6 de enero, mientras otras iglesias orientales, egipcios, griegos y etíopes propusieron fijar el natalicio en el día 8 de enero. Hasta que el Papa Julio I (352-366), al que se le considera el fundador del archivo de la Santa Sede porque ordenó la conservación de los documentos, dictaminó que Jesús había nacido el 25 de diciembre, y punto. No era una fecha escogida al azar, pues -como indica Desmond Morris en “Tradiciones de Navidad”- coincidía con las festividades que se realizaban en muchos de los desplazamientos de peregrinos durante el solsticio de invierno: las ceremonias vikingas en honor de Odín, las Saturnalias romanas, el nacimiento del dios indoiraní Mitra, etc. De ahí que el Nacimiento de Jesús, haya sido fácilmente asimilado al retorno del Sol, al regreso de la luz.
Por otra parte, hay que apuntar que hasta el año 377 la Navidad y la fiesta de los Reyes Magos se celebraban el mismo día pero a partir de entonces se celebran por separado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario