
Bien analizadas, estas medidas son apenas paliativas. Parten de un supuesto equivocado: piensan que limando los dientes al lobo disminuimos su ferocidad... O sea, podemos continuar con el mismo paradigma de producción y de consumo, disminuyendo simplemente la dosis. Ese paradigma nos condenará a todos porque se basa en una metafísica falsa, la de que podemos disponer de los recursos a nuestro antojo y que nuestra relación con la naturaleza es únicamente utilitaria. Nos entendemos por encima y contra la naturaleza. Ella se vengará tal vez expulsándonos definitivamente de su seno, como se expulsa una célula cancerígena.
Por eso, de poco valen las soluciones científico-técnicas fundadas en esa metafísica. Necesitamos mas bien una ecuación moral que cambie los fines y no sólo los medios de nuestra civilización. He aqu í algunos puntos para la nueva moralidad:
En primer lugar, debemos tomar en serio el principio de precaución y de cuidado. O cuidamos lo que queda de naturaleza y regeneramos lo que tenemos devastado o nuestro tipo de sociedad tendrá los días contados. Además, filosóficamente, el cuidado es condición previa para que surja cualquier ser y el criterio anterior a toda acción.
En segundo lugar, importa dar centralidad al afecto, a la compasión, al corazón y a la piedad como principios morales. Esto nos enseñan el budismo en Oriente y Schopenhauer en Occidente. Ambos afirman: «no hagas mal a ningún ser, más bien esfuérzate en ayudar a los más que puedas».
En tercer lugar, urge rescatar el respeto y la veneración ante cada ser porque representa un valor en sí mismo. Como lo formuló Albert Schweitzer: «ética es la veneración ilimitada ante la vida y el respeto ante cada ser» .
En cuarto lugar, es preciso asumir la responsabilidad por el futuro del planeta y de la vida. Somos los guardianes del ser. Hans Jonas expresó así el principio de responsabilidad: «actúa de tal manera que tus actos no sean destructivos de la vida» .
En quinto lugar, en vez del principio de competición hay que reforzar el de cooperación porque es la ley suprema del universo: todos los seres son interdependientes y se ayudan unos a otros para coevolucionar, sin excluir a los más débiles.
Si vivimos esta nueva-vieja moralidad cambiaremos los comportamientos de los estados y de las personas para con la naturaleza y así nos salvaremos. Es válida la frase de 1968 en los muros de París: « sean realistas; exijan lo imposible ».
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