
Ana de Mendoza (1540-1592), era hija única de Diego de Mendoza, Príncipe de Mélito y nieto del Gran Cardenal Mendoza. Diego se casó en 1538 con Catalina de Silva, hermana del entonces Conde de Cifuentes. Ana nació en Cifuentes y murió en Pastrana, por lo que puede considerarse propiamente como alcarreña. No hay noticias destacadas de su infancia, salvo la leyenda referente a la pérdida de un ojo practicando el arte o deporte de la esgrima con ocho años. Pero este dato no es claro, quizá no fuera tuerta sino bizca. Ciertamente alabaron su belleza, a pesar del parche que la adornaba.

Rui compró a su suegro Éboli, en el reino de Nápoles. Felipe II le nombró Príncipe de Éboli en 1559. Luego compró las villas de Estremera y Valdeacerete, siendo nombrado Duque de Estremera, y para finalizar compró la villa de Pastrana (1569) siendo nombrado en 1572 por Felipe II Duque de Pastrana con Grandeza de España. Por tanto Ana fue la primera Princesa de Éboli y la primera Duquesa de Pastrana. Fundó, con su esposo, la Iglesia Colegial de Pastrana y favoreció la fundación por Santa Teresa de Jesús de dos conventos Carmelitas en Pastrana en 1569.
Durante el periodo de su matrimonio la vida de Ana fue estable y no se le conocen andanzas ni problemas. Rui la trato tanto como un padre (por la diferencia de edad) como marido, dando estabilidad a esta parte de su vida hasta su repentina muerte. Muerto su marido en 1573, se instaló la desconsolada Princesa en el convento que había fundado Santa Teresa en Pastrana tras llamarla para ello la propia princesa ("la princesa monja, la casa doy por deshecha!", dijo la abadesa) logrando que las carmelitas huyeran de allí trasladándose el convento a Segovia en 1574. Ana mantuvo en el convento una vida rodeada de sirvientas que atendían sus gustos, poco acorde pues con el carácter riguroso que había impuesto Santa Teresa.

Tras la fuga de Antonio Pérez a Aragón en 1590,

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