
Los expertos atribuyen la autoría de este cancionero a los goliardos, estudiantes o clérigos errantes que deambularon por tierras galas, inglesas y germanas. A pesar de que la mayoría de las composiciones son anónimas, algunas piezas se encontraron en otros cancioneros contemporáneos, como los del Arcipreste de Hita, Pedro Blois y Galtero de Chétillon. Aquellos vagabundos, que se decían seguidores de un supuesto obispo Golias, escribían poemas satiricos en los que arremetían contra la figura del Papa y la Iglesia, o el poder del dinero. Otros cánticos ensalzaban la vida en las tabernas y cantinas, como puede comprobarse en In taberna quando sumus, o el ocio y el amor -Omittamus studia-. En ocasiones, los goliardos retocaban los textos litúrgicos, que transformaban en himnos lúdicos o en invocación dirigida a la fortuna. Algunos poemas del Carmina Burana, como Dum Dianae vitrea y Vacillantis trutine, pueden considerarse obras maestras dentro de su género, por su riqueza de matices y el derroche de sentimientos.
El compositor alemán Carl Orff compuso en 1937 una obra sinfónica basada en este cancionero, llamada también Carmina Burana.
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